¡QUÉ VIVAS ESTÁN LAS CADENAS!

 

Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo“. Esta frase, que se atribuye erróneamente a Voltaire (la escribió una mujer, su biógrafa), debería haberse puesto en práctica alguna vez en España, pero tras la Revolución Francesa preferimos gritar aquello de “¡Vivan las cadenas!”. Y ya se sabe, de aquellos polvos…estos lodos…los fangos del PP.

Es preocupante lo que está pasando en los últimos años con el partido del gobierno y gran parte de la oposición colaboradora, tan preocupante como que un fragmento de la población lo acepte, lo justifique o incluso lo vea bien. Nos negamos a creer que sea resultado de que los medios de comunicación nos lobotomizan para amar al opresor y odiar al oprimido, nos inclinamos a pensar que vivimos en un criptofranquismo real.

En este país desde hace años pasan cosas que en cualquier otro con una conciencia mínimamente democrática hubieran hecho estallar una revuelta. Pero en un estado en el que gobierna un partido fundado por  7 ministros franquistas que hicieron una guerra para que hubiera paz y que ahora meten a políticos en la cárcel para que haya democracia…todo es posible, España es el mundo al revés.

La falta de democracia se combate con más democracia, y si en Cataluña hay un clamor popular  que demanda una consulta ciudadana la respuesta no puede ser represión, palos, antidisturbios y cárcel. Tenemos que estar a favor de la realización de un referéndum porque es justo y democrático; justo con respecto a la cantidad de ciudadanos que lo están demandando y democrático porque votar nunca debería ser ilegal.

Dicen que las leyes están para cumplirlas pero también es cierto que éstas las hacen las personas, y que si el PPSOE se reunió con nocturnidad y alevosía un agosto de 2011 para cambiar la Constitución y vender nuestra soberanía a los poderes económicos, también se puede rehacer la Carta Magna para solventar un problema político. Además la ley es restrictiva, está hecha para ser aplicada a grupos pequeños de personas, cuando quien la desobedece son cientos de miles…es evidente que quien está equivocada es la ley.

La involución autoritaria que estamos viviendo es algo palpable: durante más de diez años se ha negado el referéndum que pedía el pueblo catalán y una vez que deciden hacerlo la respuesta es decir que es ilegal y se requisan papeletas, urnas, ocupan Barcelona las fuerzas de seguridad del estado, detienen a 14 altos cargos o se intervienen las cuentas de la Hacienda de Cataluña. Mientras, grupos de extrema derecha se dedican a boicotear los intentos que se hacen para debatir sobre el tema y llegar a una solución que no sea violenta, como ocurrió el pasado domingo 25 en Zaragoza cuando se llegó a agredir a la presidenta de las Cortes de Aragón, Violeta Barba (militante de Podemos) ante la mirada impasible de las Fuerzas de Seguridad.  ¿Quién puede defender que esto es democrático?

Además como éste es un país de pandereta, hacemos el ridículo internacional por partida doble: no solamente no dejamos hacer un referéndum que en otros países se ha realizado tranquilamente (como en Reino Unido o Canadá), si no que millones de personas se estarán partiendo de risa al ver a Guardias Civiles requisar urnas y papeletas mientras son acomodados en el barco de Piolín o el Pato Lucas… sería de risa si no fuera cosa de espanto.

Todo esto no es casual, sino que es la consecuencia del desmoronamiento del régimen del 78, nacido de una dictadura fascista que no respetaba los más mínimos derechos humanos. No hubo ruptura con la dictadura y nació lastrado por unos defectos que a día de hoy se ven inaceptables por mucha gente; las mismas “virtudes” que nos han vendido durante cuarenta años: que fue un paso no traumático de la dictadura a la democracia, que hicimos bien en no mirar al pasado y no pedir justicia con respecto a los asesinos, que dimos un ejemplo al mundo entero…esas mismas “virtudes” se ven ahora como errores insalvables, porque si un país, tras una dictadura sangrienta y represora, no da un mínimo de dignidad a la gente que padeció esas indecencias y al mismo tiempo rechaza lo que se deriva de su dictadura… está condenado al fracaso, ya sea después de 40 años.

El régimen del 78 está muerto, es tarea nuestra enterrarlo para construir un país más democrático y justo. Hace cuarenta años hubo gente que quiso romper con el franquismo agonizante, muchos conocieron cárcel y torturas y otros fueron asesinados (durante la Transición hubo más de 100 muertes por motivos políticos que nunca tuvieron un juicio justo), esperemos que esta vez podamos expulsar al criptofranquismo que nos gobierna y aprendamos de una vez el significado verdadero de la Democracia y la Justicia Social.

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